29 ene 2012

Cuento de Gulubú

 (Introducción creada para la canción de María Elena Walsh "El brujito de Gulubú")


Había un vez un mundo muy lejano y muy bonito, donde existían tan sólo cinco paises,: Galaba, Guelebe, Guilibi, Golobo y Gulubu.
En Galaba todo el mundo hablaba con la letra A, todos los nombres eran con A, por ej a Juan le decían Jan, a Esther le decían Astar. Al encontrarse dos niños por la calle decían “hala ¿cama astas?”
En Guelebe todo el mundo hablaba con la letra E, y todos los nombres eran con E, por ejemplo a María le decía Mere, a Ana le decían Ene, a Carlos le decían Querles. Al encontrarse dos niños por la calle decían “Hele ¿Queme estes?”
En Guilibi todos hablaban con la I, en Golobó todos hablaban con la O y en Gulubú todos hablaban con la U.
En Gulubu sucedió esta historia que les voy a contar. Gulubú era un bosque muy grande que estaba justo en medio del planeta y rodeado por: montañas al Este, mar al Oeste, en el Norte había nieve y en el Sur un gran Volcán.
En Gulubú tenían de todo: frutas, verduras, granjas, escuelas, parques, doctores, maestras, animales, panaderías, no faltaba nada.
Pero había algo que diferenciaba a Gulubú de los otros 4 paises, y es que cada mañana, cuando comenzaba a asomar el sol y todos los gallos del mundo se preparaban para entonar sus melodías, en Gulubú quien se preparaba era la Vaca.
Hacía ya muchos años que los niños del pueblo se habían cansado de intentar hacer comprender a la vaca que esa función no era la suya, que para eso estaba el Gallo. Pero la vaca se iba todas las mañanas muy ilusionada con una mantita hecha por su abuela con lana de Oveja y botones de cáscara de nuez, porque como era tan tempranito aunque fuera verano siempre el aire estaba fresquito. Se trepaba por una escalera hasta el techo del corral de las gallinas, colocaba su mantita en el tejado y se recostaba arriba a esperar que el sol haga su aparición.
El mú de la vaca se oía hasta el otro lado del bosque, y era ya tan famosa que hasta incluso había salido en los periódicos de todo el mundo.
Los niños de Gulubú eran muy traviesos y les gustaba ir a jugar al bosque por las tardes porque siempre encontraban una aventura que los entretenía. Un día cuando estaban trepando por el viejo árbol del lago Lupucú, vieron a lo lejos una extraña cosa azul que se asomaba por entre los árboles y que parecía acercarse cada vez más.
Corrieron rápido a buscar algún adulto, y encontraron al panadero Jusú que fue a ver de que se trataba. Cuando llegaó al lugar y miró, la cosa azul ya estaba casí a dos metros de distancia, y resultó ser  ¡¡El brujo de Gulubú!! Un viejo brujo que vivía en el bosque desde hacía muchos años, y que núnca nadie lo había visto, tan solo se habían oído miles de historias acerca de él.
En cuanto el brujo los vió levantó su cabeza y utilizando el poder de sus ojos embrujó a los niños y al panadero Jusú en menos de un segundo. Ahí estaban todos duritos en sus lugares, sin pestanear ni tragar saliva. El brujo los miró fijamente uno por uno, y cuando llegó al pequeño Jurju soltó una carcajada que se pudo escuchar por toooooodo el bosque
-Juju ru jujuuuuuuuuu
Los viejos de Gulubú reconocieron inmediatamente aquel sonido, ¡era el brujo de Gulubú! Por algún motivo había vuelto, y era preciso hacer algo para evitar el embrujo de toda la población.
Los niños luego de un segundo comenzaron a moverse y a mirarse extrañados, no sabían cuales eran los efectos del embrujo, hasta que de pronto a uno de ellos le empezó a salir unas manchas en la cara, y en los brazos, y en el pecho, y en todas partes ¡sarampión! Grito el mayor, y todos empezaron a mirarse el cuerpo, todos los niños tenían esas extrañas manchas. Mientras volvían a sus casas asustados y pensando en contarles todo a sus padres, uno de los niños quizo hablar pero se había olvidado de cómo hacerlo y enseguida se dieron cuenta que no sabían hablar ni leer ni contar.
Y así el brujo continuó divirtiendose con todos los niños con que se encontraba, porque lo que el brujo buscaba con sus brujerías era divertirse un poco, ya que la vida en el bosque los últimos cien años había sido  muy aburrida.
Cuando llegó a la granja se encontró con el gallinero vacío, y en la puerta observó tumbada y roncando a la señora vaca. Al verla sintió unas ganas enormes de divertirse un poco más, así que la embrujó. Al momento la vaca despertó y no pudo mover su cabeza, pero lo peor vino cuando quizo cantar… ¡No podía! Ningún sonido salía de su garganta, y sin entender por qué le pasaba todo eso, escuchó un extraño sonido cerca de su oreja:
-Juju ru jujuuuuuuuuuuu
Ahí se dio cuenta de todo, porque la vaca era muuuy inteligente, y también un poco vieja, y como todos los viejos de Gulubú, ella también conocía la historia del brujo del bosque.
Entre tanto, en el bar de Munul, los más sabios de Gulubú discutían qué hacer para librarse de las brujerías del brujo. Uno propuso una antigua pócima de leche y cáscaras de uva, otro un extraño brebaje hecho con plantas exóticas, otro la cura de la remolocha, que consistía en agarrar al brujo y cubrirlo con jugos de remolacha durante 24hs, y así se fueron escuchando todo tipo de propuestas, serias, no tan serias, y disparatadas.
Cuando llegó el turno de Rumún propuso la más sencilla y menos pensada de las opciones: avisar al famoso Doctor de Guelebé que vivía detrás del Volcán.
Todos se miraron en silencio hasta que casi al unísono gritaron festejando por haber encontrado la solución. ¡Era el más famoso del mundo porque no había embrujo que no haya podido curar!
En cuanto recibió la noticia el doctor se fue a su laboratorio y preparó una vieja poción que le había regalado un viejo médico: la vacuna de la lunalu. No había embrujo sobre la tierra capaz de vencer a esa vacuna. Así que sin perder más tiempo se subió a su famoso cuatrimotor (famoso porque con él había recorrido el mundo entero) y partió hacia Gulubu.


¿Y saben lo que pasó?... ¡Tendrán que escuchar la canción!


Aquí pueden escucharla:

http://www.youtube.com/watch?v=_GvDKU6765Y