Había un vez un mundo muy
lejano y muy bonito, donde existían tan sólo cinco paises,: Galaba, Guelebe,
Guilibi, Golobo y Gulubu.
En Galaba todo el mundo
hablaba con la letra A, todos los nombres eran con A, por ej a Juan le decían
Jan, a Esther le decían Astar. Al encontrarse dos niños por la calle decían
“hala ¿cama astas?”
En Guelebe todo el mundo
hablaba con la letra E, y todos los nombres eran con E, por ejemplo a María le
decía Mere, a Ana le decían Ene, a Carlos le decían Querles. Al encontrarse dos
niños por la calle decían “Hele ¿Queme estes?”
En Guilibi todos hablaban
con la I , en Golobó
todos hablaban con la O
y en Gulubú todos hablaban con la
U.
En Gulubu sucedió esta
historia que les voy a contar. Gulubú era un bosque muy grande que estaba justo
en medio del planeta y rodeado por: montañas al Este, mar al Oeste, en el Norte
había nieve y en el Sur un gran Volcán.
En Gulubú tenían de todo:
frutas, verduras, granjas, escuelas, parques, doctores, maestras, animales,
panaderías, no faltaba nada.
Pero había algo que
diferenciaba a Gulubú de los otros 4 paises, y es que cada mañana, cuando
comenzaba a asomar el sol y todos los gallos del mundo se preparaban para
entonar sus melodías, en Gulubú quien se preparaba era la Vaca.
Hacía ya muchos años que
los niños del pueblo se habían cansado de intentar hacer comprender a la vaca
que esa función no era la suya, que para eso estaba el Gallo. Pero la vaca se
iba todas las mañanas muy ilusionada con una mantita hecha por su abuela con lana de
Oveja y botones de cáscara de nuez, porque como era tan tempranito aunque fuera
verano siempre el aire estaba fresquito. Se trepaba por una escalera hasta el
techo del corral de las gallinas, colocaba su mantita en el tejado y se
recostaba arriba a esperar que el sol haga su aparición.
El mú de la vaca se oía
hasta el otro lado del bosque, y era ya tan famosa que hasta incluso había
salido en los periódicos de todo el mundo.
Los niños de Gulubú eran
muy traviesos y les gustaba ir a jugar al bosque por las tardes porque siempre
encontraban una aventura que los entretenía. Un día cuando estaban trepando por
el viejo árbol del lago Lupucú, vieron a lo lejos una extraña cosa azul que se
asomaba por entre los árboles y que parecía acercarse cada vez más.
Corrieron rápido a buscar
algún adulto, y encontraron al panadero Jusú que fue a ver de que se
trataba. Cuando llegaó al lugar y miró, la cosa azul ya estaba casí a dos
metros de distancia, y resultó ser ¡¡El
brujo de Gulubú!! Un viejo brujo que vivía en el bosque desde hacía muchos
años, y que núnca nadie lo había visto, tan solo se habían oído miles de
historias acerca de él.
En cuanto el brujo los
vió levantó su cabeza y utilizando el poder de sus ojos embrujó a los niños y
al panadero Jusú en menos de un segundo. Ahí estaban todos duritos en sus
lugares, sin pestanear ni tragar saliva. El brujo los miró fijamente uno por
uno, y cuando llegó al pequeño Jurju soltó una carcajada que se pudo escuchar
por toooooodo el bosque
-Juju ru jujuuuuuuuuu
Los viejos de Gulubú
reconocieron inmediatamente aquel sonido, ¡era el brujo de Gulubú! Por algún
motivo había vuelto, y era preciso hacer algo para evitar el embrujo de toda la
población.
Los niños luego de un
segundo comenzaron a moverse y a mirarse extrañados, no sabían cuales eran los
efectos del embrujo, hasta que de pronto a uno de ellos le empezó a salir unas
manchas en la cara, y en los brazos, y en el pecho, y en todas partes
¡sarampión! Grito el mayor, y todos empezaron a mirarse el cuerpo, todos los niños tenían esas extrañas manchas. Mientras volvían a sus
casas asustados y pensando en contarles todo a sus padres, uno de los niños quizo hablar pero se había olvidado de cómo
hacerlo y enseguida se dieron cuenta que no sabían hablar ni leer
ni contar.
Y así el brujo continuó
divirtiendose con todos los niños con que se encontraba, porque lo que el brujo
buscaba con sus brujerías era divertirse un poco, ya que la vida en el
bosque los últimos cien años había sido
muy aburrida.
Cuando llegó a la granja
se encontró con el gallinero vacío, y en la puerta observó tumbada y roncando a
la señora vaca. Al verla sintió unas ganas enormes de divertirse un poco más,
así que la embrujó. Al momento la vaca despertó y no pudo mover su cabeza, pero
lo peor vino cuando quizo cantar… ¡No podía! Ningún sonido salía de su
garganta, y sin entender por qué le pasaba todo eso, escuchó un extraño sonido
cerca de su oreja:
-Juju ru jujuuuuuuuuuuu
Ahí se dio cuenta de
todo, porque la vaca era muuuy inteligente, y también un poco vieja, y como
todos los viejos de Gulubú, ella también conocía la historia del brujo del
bosque.
Entre tanto, en el bar de
Munul, los más sabios de Gulubú discutían qué hacer para librarse de las
brujerías del brujo. Uno propuso una antigua pócima de leche y cáscaras de uva,
otro un extraño brebaje hecho con plantas exóticas, otro la cura de la
remolocha, que consistía en agarrar al brujo y cubrirlo con jugos de remolacha
durante 24hs, y así se fueron escuchando todo tipo de propuestas, serias, no
tan serias, y disparatadas.
Cuando llegó el turno de
Rumún propuso la más sencilla y menos pensada de las opciones: avisar al famoso
Doctor de Guelebé que vivía detrás del Volcán.
Todos se miraron en
silencio hasta que casi al unísono gritaron festejando por haber encontrado la solución. ¡Era el más famoso del mundo porque no había embrujo que
no haya podido curar!
En cuanto recibió la
noticia el doctor se fue a su laboratorio y preparó una vieja poción que le
había regalado un viejo médico: la vacuna de la lunalu. No había embrujo sobre
la tierra capaz de vencer a esa vacuna. Así que sin perder más tiempo se subió
a su famoso cuatrimotor (famoso porque con él había recorrido el mundo entero)
y partió hacia Gulubu.
¿Y saben lo que pasó?... ¡Tendrán que escuchar la canción!
Aquí pueden escucharla:
http://www.youtube.com/watch?v=_GvDKU6765Y